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Nada me alegra más el alma que despertarme sin alarma. Abrir los ojos naturalmente, sin la presión de tener que levantarme con prisa, es uno de esos pequeños placeres que hacen que mi mañana comience diferente. Me encanta quedarme unos minutos más entre las sábanas, no pensar en absolutamente nada y disfrutar de ese silencio previo a una linda jornada exenta de responsabilidades urgentes. Se siente muy bonito disfrutar de la vida sin ninguna prisa.