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Nos llaman soñadores, pero somos los que menos dormimos. Porque mientras otros descansan, nosotros seguimos despiertos construyendo en silencio los cimientos de lo que algún día será real. No desvelamos entre ideas, luchamos a diario con la rutina y no dejamos que nada nos quite el impulso. Soñamos sin cerrar los ojos, abrimos la mente y nos atrevemos a caminar hacia lo imposible; aunque el camino sea largo y el cansancio sea muy grande, seguimos de pie creando el futuro que tanto esperamos.