40
No te aferres a algo que te hace daño, sólo porque te hace sonreír de vez en cuando. Una sonrisa ocasional no recompensa las heridas constantes ni justifica el desgaste emocional que deja permanecer donde duele. El afecto real no confunde, no hiere ni exige que sacrifiques tu tranquilidad para sostenerlo. Aprender a soltar también es un acto de amor propio, elegir la tranquilidad sobre unas pobres migajas de felicidad y confiar en que mereces vínculos y situaciones que te abrecen de manera constante y no sólo en momento aislados.