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No es quien te roba el corazón. Es quien te hace sentir que lo tienes. Es esa persona que te permite ser tú, que no te obliga a esconder tus emociones ni sentimientos y que convierte la compañía en un lugar tranquilo. Porque el amor verdadero no consiste en conquistar a alguien y darlo todo por hecho, sino en cuidar cada día con respeto, ternura, paciencia y detalles especiales el vínculo. Finalmente, no es quien llega a tu vida para desordenarlo todo, sino quien te brinda calma sin apagar la emoción de sentirte profundamente amado.