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Mi meta para lo que resta del año es priorizar mi tranquilidad. He comprendido que nada vale más que vivir en calma, tener paz; no quiero correr detrás de lo que me roba la serenidad ni insistir donde no me valoran, lo que deseo es invertir mi energía en lo que me hace bien, en lo que me suma, en lo que me permite respirar; quiero estar donde pueda ser y pensar con libertad. Este tiempo que queda del año lo dedicaré a cuidar mi mente, mi corazón y mi entorno, porque cuando uno elige la tranquilidad todo lo demás encuentra su lugar.