Me gana la empatía, porque sé lo que es estar al otro lado sin ganas de nada. Sé lo arduo que puede convertirse el simple hecho de levantarse de la cama, responder un mensaje o simplemente encontrar las fuerzas para seguir cuando todo pesa. Por eso procuro no juzgar las batallas ajenas, no señalar, intentar entender la situación del otro antes de tocar alguna mínima herida. A veces, un poco de comprensión, una palabra amable o simplemente estar presente significa mucho más de lo que podemos imaginar. Todos atravesamos días en los que necesitamos más paciencia y cariño, incluso cuando no sabemos cómo pedirlos.
ME GANA LA EMPATÍA, PORQUE SÉ LO QUE ES ESTAR AL OTRO LADO SIN GANAS DE NADA
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