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Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan. Las oraciones están bien, hacerlas con mucha fe y el corazón dispuesto también, pero aprovecha más si mientras son contestadas llevas a cabo acciones que generen un mayor cambio; tal vez lo anterior suene un poco duro, pero una pronta acción calma inmediatamente el sufrimiento. Predicar y aplicar sería lo mejor que al mundo le pudiera pasar.