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La grandeza de una persona está en su corazón en su forma respetuosa de tratar a los demás, en su humildad. Se revela en los gestos cotidianos, en la manera respetuosa con la que mira y trata a quienes le rodean, incluso cuando nadie le está observando; es una cualidad que no necesita reconocimiento, porque nace de una esencia genuina y coherente. Una persona que sea humilde nunca va a querer imponerse, sino conectar, no presume su valor, simplemente hace y dice lo que su corazón le dicta, dejando así huellas en quienes tienen el privilegio de encontrarla.