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Incluso un mal día, tan solo dura 24 horas. Aunque a veces esas horas parezcan eternas, pasan… siempre pasan. Nada es definitivo, ni el cansancio, ni la tristeza, ni los tropiezos. Hoy puedes sentir que todo pesa, pero el mañana traerá un aire distinto, una nueva oportunidad de cambiar el curso de lo que hoy te genera confusión. Confía en que todo cambia, incluso eso que te causa tanto dolor. Entonces, respira profundo, suéltalo de a poco y no dejes que ningún día complicado reste por completo tus fuerzas y te baje la motivación.