He madurado por dolor, no por edad. La vida me ha enseñado más a través de las heridas que de los años, no fue el paso del tiempo lo que me hizo cambiar, fueron las pérdidas, las decepciones, esos momentos en que me rompí en soledad para volver a reconstruirme desde adentro. Maduré cuando tuve que aprender a soltar, cuando tuve que seguir mi camino aún sin fuerzas. El dolor me mostró lo que la comodidad no podía enseñarme, la importancia de los límites y la necesidad de cuidar de mí. El dolor, aunque no lo pedí, fue un maestro que me empujó al crecimiento y gracias a eso, hoy soy alguien más fuerte y un poco más consciente.
HE MADURADO POR DOLOR, NO POR EDAD
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