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Hay cierta tranquilidad en la decepción. Por lo menos nos hace ver la verdad y la verdad es libertad. Aunque al principio incomode y desarme expectativas, tiene la virtud de despejar lo que antes estaba cubierto de ilusiones. Cuando algo nos decepciona, cae el velo de lo que imaginábamos y aparece lo que realmente es, entonces llega la más profunda tranquilidad de no estar engañados y poder mirar de frente para comprender y reflexionar sobre cómo debemos seguir a partir de ahí.