Gracias por escucharme más allá de lo que digo, por prestar a tención no sólo a mis palabras, sino a mis silencios, mis gestos, a lo que intento ocultar detrás de un “estoy bien” cuando tú sabes que no lo estoy. Gracias por tener esa capacidad de percibir lo que no expreso con la voz, pero si con mi mirada. Tu empatía me abraza y me llena de paz, me permite expresarme sin temores, me hace entenderme cuando ni yo me comprendo. Gracias por estar allí, dándome tu opinión sincera, por permitirme desarrollar mis discursos sin interrumpirme, sin juzgarme, brindándome tu percepción desde la tranquilidad de tu ser. Gracias por tu enorme paciencia, tu atención plena, gracias de todo corazón.
456