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En un mundo lleno de cosas, el amor propio es el único que nos complementa. Podemos rodearnos de objetos, logros y experiencias, pero nada llena tanto como la capacidad de valorarnos, escucharnos y tratarnos con el debido respeto. El amor propio no es un lujo, es la base que sostiene todo lo demás, nuestra tranquilidad, nuestra dignidad y nuestra manera de relacionarnos con los demás. Cuando te eliges, te cuidas y te reconoces, todo lo externo deja de ser indispensable y se convierte simplemente en un complemento, no en tu razón de ser.