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En lo bueno y en lo malo, siempre da gracias a Dios, porque Él nunca te abandona y siempre te vuelve a levantar. En los momentos de bonanza y alegría, dale gracias, en los momentos difíciles también, porque no importa dónde estés ni cómo te halles, Dios permanece junto a ti, alegrándose por tus logros y aumentando tu fortaleza en el instante que lo necesites.