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El amor cuando llega puede ser muy ciego y cuando se va puede ser muy lúcido. Nos envuelve en emociones intensas, donde todo parece perfecto, donde se justifica lo injustificable y pasamos por alto una cantidad de banderas rojas que en otro momento habríamos visto con claridad. Y cuando ese amor se va, cuando el enamoramiento se apaga y solo deja lugar para el silencio, llega la lucidez, mostrándonos todo lo que antes no queríamos ver. Desaparece la ilusión quedando las lecciones y verdades que sólo el tiempo revela.