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Cuánto más pequeño es el corazón, más odio alberga. Cuando se ha visto reducido por el ego, la ignorancia o el miedo, se cierra a la empatía, al perdón y a la comprensión, para darle lugar al resentimiento, los prejuicios y las heridas sin sanar. Convirtiendo su interior en un ambiente hostil donde el amor no encuentra espacio ni un fin. Mientras más grande es el corazón, menos lugar hay para lo que lo destruye y más espacio queda para lo que lo edifica.