Cada uno sabe lo que hace y lo que puede perder haciéndolo. A veces se actúa impulsivamente, otras con la debida paciencia, pero toda acción tiene una consecuencia y nadie está completamente libre de esos resultados. Antes de actuar, procura recordar que, así como tienes tus libertades, tienes responsabilidades que deberás asumir. Aunque no se puedan controlar las circunstancias, sí es posible razonar para transitarlas, para responder ante ellas; cada persona es dueña de sus actos y de alguna y otra manera termina recogiendo lo que sembró con sus palabras, decisiones y acciones.