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Así como hay gente que desaparece y te rompe, también hay gente que aparece y te salva. Hay ausencias que dejan vacíos imposibles de llenar, pero también hay llegadas que traen calma y esperanza. Personas que aparecen sin aviso, pero con el alma dispuesta a reconstruir o acompañar, vienen a escuchar, abrazarnos y a curarnos con su presencia. Vienen a enseñarnos que no todo el mundo nos va a lastimar y que no todos se van.