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Al final te tienes a ti, y eso es lo más importante. Cuando todo cambia, cuando algunas personas se van y los planes toman rumbos inesperados, tu presencia sigue siendo lo que te sostiene y el punto desde donde partes. Tenerte a ti no es resignación, es reconocer tu resiliencia; sabes que aun en medio de la incertidumbre conservas tu criterio y dignidad, porque has desarrollado confianza en ti, en tu propio juicio y sabes hasta donde puedes llegar. Desde ahí las relaciones, los logros y las oportunidades dejan de ser un soporte indispensable y se convierten en complemento.