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Al final, la cantidad nunca pesa tanto como la calidad de quienes caminan contigo. No se trata de que te rodeen muchas personas, sino de contar con aquellas que permanecen cuando los días se ponen un poco difíciles, con aquellos que celebran tus alegrías sin sentir envidia y que te ofrecen su apoyo sin condición. Con el paso del tiempo quizás se reduzca tu grupo, pero las personas leales valen más que una multitud de relaciones superficiales. La verdadera riqueza no está en cuántos están a tu lado, sino en quienes eligen quedarse honestamente y de corazón.