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Entrégale a Dios tu debilidad y Él te brindará su fortaleza. Cuando sientas que ya no puedes más, no temas reconocerlo; no está mal sentir cansancio o sentirte vulnerable. Hay momentos en los que la fe comienza precisamente cuando dejamos de intentar cargar todo sobre nuestros hombros y ponemos nuestras preocupaciones delante de Dios. No olvides nunca que Él permanece atento a ti, cuidándote y alentándote a seguir, por eso entrégale tus cargas, descansa en su presencia y permite que su amor renueve aquello que dentro de ti el estrés y el agotamiento habían debilitado.