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Al final del día, solo soy yo y mi cansancio, mezclado con gratitud y mil sueños por cumplir. En medio del agotamiento, agradezco la fortaleza que me lleva cada día a seguir, porque mis anhelos están más vivos que nunca y ellos me motivan incluso en los días más pesados. Así, entre lo que cuesta y lo que ilusiona, encuentro un equilibrio silencioso, descanso sin rendirme, agradezco sin conformarme y continúo con la certeza de que todo lo que imagino aún puede tomar forma.