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Ahora todo lo que quiero es a Dios en mi vida, sus bendiciones, estabilidad y tranquilidad. No pido más. Después de tantas experiencias, he aprendido a darle valor a lo que realmente da paz a mi corazón y también a entender que no todo lo que deseo necesariamente es lo que necesito. Quiero seguir mi camino con la posibilidad de tomar mis propias decisiones sin pensar en terceros, sin temor a lo que vendrá, sabiendo que Dios está conmigo en cada paso.