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A la gente con alma bonita siempre termina sonriéndole la vida. No porque todo les resulte fácil o porque estén inmunes a cualquier dificultad, sino porque por dentro llevan una manera especial de mirar el mundo. Son personas que aún en medio de las vicisitudes, conservan su bondad, ofrecen siempre una palabra amable y tienden la mano cuando alguien lo necesita. Ellos siembran sonrisas a través de sus gestos sencillos, pero valiosos, y el tiempo les devuelve con cariño y oportunidades todo aquello que hacen sin esperar nada a cambio.