Es difícil saber por lo que está pasando una persona; en lo posible, procura ser amable. A veces vemos una sonrisa y damos por hecho que todo está bien, sin imaginar las preocupaciones, miedos, batallas silenciosas o pérdidas que puede estar enfrentando el otro. No siempre conocemos la historia detrás de una actitud o de una respuesta que no comprendemos. Es ahí cuando la paciencia y la empatía salen a flote; no cuesta nada tratar a los demás con el debido respeto, pero puede significar mucho para quien lo recibe. Nunca sabemos cuándo nuestra amabilidad puede ser precisamente ese pequeño motivo que alguien necesite para seguir adelante.