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Dios, si pierdo la esperanza, ayúdame a recordar que tus planes son mejores que los míos. A veces, nada sale como espero y pierdo el rumbo; dame paciencia para aceptar que estás guiando mis pasos hacia un lugar que todavía no alcanzo a comprender. Cuando el miedo me haga dudar, fortaléceme; cuando el cansancio quiera hacerme renunciar, levántame y no me dejes caer. Enséñame a confiar incluso cuando no vea el propósito claramente y a descansar en la certeza de que, aunque mis planes cambien, siempre estás conmigo.