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La única razón por la que sigo de pie hoy, es porque Dios me ha dado su bendición. Ha sido Él quien me sostuvo cuando las pocas fuerzas que me quedaban se me escapaban, quien iluminó mi camino en medio de la oscura incertidumbre; no me abandonó y me sostuvo para que mi esperanza no se apagara por completo. Cada nuevo amanecer, cada oportunidad, cada decisión y acción han sido bajo su gracia y protección. Mi vida es testimonio de que cuando Dios bendice, renueva las fuerzas, fortalece el corazón y hace posible que continúes cuando todo parece perdido.