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A veces, los milagros también son personas con buen corazón. Llegan sin hacer ruido, justo cuando más necesitamos una palabra sincera o compañía. No siempre se quedan; algunas cruzan nuestro camino durante una etapa precisa y dejan una huella capaz de cambiarlo todo. Hay personas cuya bondad devuelve la confianza en uno mismo y cuya presencia alivia las heridas. En un mundo donde abundan las apariencias, encontrarse con personas tan preciosas es una forma de fortuna. ¿Te has preguntado si quizás tú también puedes ser ese milagro que alguien necesitaba encontrar?