2
Cada vez que me besa, me convenzo más de que para soñar no necesariamente se necesita dormir. Tiene la posibilidad de transformar mi realidad a voluntad; en su solo beso encuentro calma, alegría y la sensación de que no existe nada más en ese espacio que nos encontramos. En esos pequeños gestos descubro cuán poderoso es su amor. Ahí es cuando comprendo que los sueños más intensos no siempre ocurren mientras cerramos los ojos; muchas veces suceden cuando el corazón encuentra a la persona indicada para latir con más fuerza.