Empecé a ver las cosas como son y no como yo quería que fueran. Y duele, pero también libera. Comprendí que aferrarme a mis expectativas solo prolonga el sufrimiento, mientras que aceptando la realidad, por difícil que fuera, me permitiría avanzar desde la calma. No fue algo de inmediato ni fácil, pero poco a poco entendí que no puedo obligar a las personas, a la vida o a las circunstancias a ajustarse a lo que deseo. Hoy quiero continuar mi camino; acepto lo que sucede, pero no quiero conformarme; simplemente dejaré de luchar contra lo inevitable y mejor invertiré mi energía en lo que sí puedo transformar.
EMPECÉ A VER LAS COSAS COMO SON Y NO COMO YO QUERÍA QUE FUERAN. Y DUELE, PERO TAMBIÉN LIBERA
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