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Todo lo que ofrecemos es en el fondo, lo que nos gustaría recibir. Quien ofrece comprensión conoce el valor de sentirse escuchado y quien ofrece su apoyo, su tiempo y su cariño también espera de algún modo encontrar gestos cuando más lo necesite. Por eso, cada acción no solo habla de nuestro carácter, sino también de nuestras necesidades más profundas. Al final, lo que compartimos con los demás es un reflejo de lo que nuestro corazón considera verdaderamente valioso.