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Todos necesitamos un lugar donde no tengamos que estar en versión mejorada para sentirnos queridos. Un espacio en el que nuestros defectos y virtudes sean aceptados. Donde podamos pensar, ser y hacer desde la libertad, sin perder la espontaneidad. Comunicarnos sin tener la necesidad de medir milimétricamente cada palabra para no incomodar, dejando de lado el temor y las ansias de demostrar constantemente que estamos a la altura. Las relaciones más auténticas son aquellas que nos permiten mostrarnos tal y como somos, donde nos hacen sentir iguales y no más ni menos que nadie.