Mi despertar y mi anochecer, todo se lo debo a Dios. Cada mañana llega como una inmensa oportunidad de aprender, corregir el camino y agradecer por todo lo que tengo y lo que vendrá. Hay jornadas llevaderas y otras que pesan más de la cuenta, pero en medio de las posibles dudas siempre encontraré una razón para levantar la mirada, motivarme y continuar. Así como cuando llega la noche, doy gracias por lo vivido, lo superado y por esas hermosas bendiciones que recibí durante todo el día. Dios ha estado en mis alegrías, pero también me ha sostenido durante los momentos complicados; eso me permite descansar con tranquilidad. Entiendo que cada amanecer es un hermoso regalo y cada anochecer es una prueba más de su cuidado y amor infinito.
MI DESPERTAR Y MI ANOCHECER, TODO SE LO DEBO A DIOS
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