1
Mi tranquilidad no depende de quién decide irse o quedarse. Con el tiempo aprendí que no puedo basar mi estado de ánimo en las decisiones de otras personas ni vivir aferrándome a quienes no desean permanecer. Entendí que mi valor no cambia porque alguien tome la decisión de alejarse, ni a rogar atención porque solo se termina desgastando el corazón. Hoy prefiero cuidar mi calma, respetarme y rodearme de personas sinceras; obviamente, habrá despedidas que dolerán, pero también comprendo que hay ausencias que enseñan y ayudan a crecer.