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No se puede controlar cada detalle ni adelantarse a nada, menos tener respuestas inmediatas. La vida se va acomodando cuando se resuelve lo que está dentro de tu alcance; no sigue un guion, en ella hay procesos que requieren tiempo, silencios que aportan claridad y dudas que se van resolviendo en el camino. Soltar la necesidad de control es un acto maduro; no es que te estés desentendiendo, sino que confías en que haces lo que está en tus manos, lo demás encontrará su lugar de la manera menos prevista.