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Sigo aprendiendo a amar a Dios no sólo por la emoción de los días buenos, sino desde una decisión firme y consciente; entiendo que los sentimientos cambian, pero la determinación de confiar, agradecer y permanecer se puede sostener aun en la incertidumbre. Deseo elegir creer cuando no comprendo todo, mantenerme constante cuando el entusiasmo baja y vivir con coherencia más allá del impulso. En esa elección diaria descubro un amor más sabio, profundo y verdadero, que no depende de lo que siento sino de la convicción que cultivo diariamente.