Que nunca te falte la empatía y que el dolor ajeno jamás de te sea indiferente. Que nunca te falte la capacidad de ponerte el lugar del otro sin juzgar, de escuchar con el corazón y de comprender incluso aquello que no has vivido por tu cuenta. Que no pases de largo ante una herida que no es tuya, ni cierres los ojos cuando alguien necesita una palabra, un gesto o simplemente una presencia. Que tu sensibilidad no se apague con el tiempo ni con las decepciones y que sigas eligiendo la bondad, aún cuando el mundo invite a que te unas a la indiferencia de mucho. La empatía no te hace débil; te hace más consciente, más justo y humano.
QUE NUNCA TE FALTE LA EMPATÍA Y QUE EL DOLOR AJENO JAMÁS TE SEA INDIFERENTE
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