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A veces, no abrir la boca termina siendo la mejor decisión. No todo merece una respuesta inmediata ni toda verdad necesita ser dicha en el momento equivocado. El silencio bien usado, puede ser una forma de respeto, de prudencia y también de amor propio; callar no es rendiste, muchas veces es elegir la paz, evitar conflictos innecesarios, proteger la integridad y conservar la energía. Con el tiempo se aprende que hay batallas que no se ganan hablando, sino observando como desde el silencio los hechos hablan por sí solos.