145
Nada ni nadie derrumba a quien Dios levanta, nadie derrota, a quien Dios protege. Cuando su mano sostiene, no hay fuerza, palabra ni circunstancia capaz de apagar lo que Él ha decido afirmar. Nadie derrota a quien Dios protege, porque su cuidado va delante, acompañando cada paso, resguardando el corazón en medio de cada prueba. Quien está con Dios, se fortalece y avanza con la certeza de que no camina solo.