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Gracias Dios, por darme la salud y la tranquilidad que tanto te pedí. Hoy me siento fuerte y la paz abraza mi alma, te agradezco inmensamente por escuchar mi petición hecha desde el silencio, el dolor y la desesperación; me devolviste la calma en medio de la incertidumbre y me recordaste que no me halló en soledad, porque tu cuidado es constante, tu amor es incondicional y tu presencia es permanente. Confío en tu guía, agradezco tus preciosas bendiciones y camino con la absoluta confianza, sabiendo que todo está en tus manos.