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Perdonar es ir al pasado y volver sano y salvo. Porque al hacerlo, entras en esas heridas que alguna vez te dolieron tanto, las miras de frente y decides no permitirles gobernar en tu presente. Perdonar no borra lo que pasó, pero sana lo que aún duele; es soltar el peso de la rabia, el rencor y la tristeza para seguir tu camino con mayor tranquilidad. Perdonar es un acto de valentía, no de olvido. Es poder mirar atrás entendiendo que todos, incluso tú, estaban aprendiendo; por eso permite cerrar ese capítulo, terminar ciclos y dejar sombras atrás.