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Lo más parecido a la felicidad es la tranquilidad, porque en ella encontramos un refugio donde la mente descansa, el corazón halla la calma y el alma se llena de paz. No siempre se necesitan momentos espectaculares o grandes logros para sentirnos plenos, a veces sólo basta con un día libre de preocupaciones y en silencio teniendo la certeza de que todo está en su lugar. La verdadera riqueza está en vivir sin cargas innecesarias, en disfrutar de lo sencillo y abrazar lo que tenemos, dándole valor a lo que somos.