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La gran incoherencia del ser humano es que nos damos cuenta de lo que es importante, muchas veces, cuando es tarde. Nos distraemos con lo urgente y nos olvidamos por completo lo esencial; ponemos la mirada en lo que creemos indispensable en el momento y dejamos de lo que realmente nos hace un bien permanente. Así somos la mayoría, debemos perder para aprender a valorar.