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Todos de alguna manera estamos rotos por dentro. Es obligación nuestra el no dañar a los demás con nuestras palabras y acciones. Cada quien carga historias, heridas y silencios que marcan su camino. Y aunque esas fracturas formen parte de quienes somos, no nos autorizan a lastimar a nadie, por el contrario, nos invitan a ser más conscientes más responsables y más humanos. Es nuestra obligación cuidar lo que decimos y lo que hacemos, porque las palabras, así como sanan, pueden herir profundamente.