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Te felicito, mereces este triunfo. Siempre aplaudiste los logros ajenos sin ninguna envidia. Has trabajado con constancia, con humildad y con el corazón; siempre te alegraste por los logros de otros con sinceridad, les felicitaste por lo bueno que les pasaba mientras tú seguías trabajando y esperando por tu momento. Hoy la vida te recompensa por tanto esfuerzo, paciencia y nobleza, así que disfruta este logro, es tuyo y bien ganado, además de profundamente merecido.