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Sólo existe una fuente de conocimiento: la experiencia. Porque no hay teoría, libro o consejo que supere, el aprendizaje que deja vivir las cosas por cuenta propia. Es aquellos errores donde comprendemos las lecciones más profundas y en los aciertos donde reforzamos nuestras convicciones. La experiencia transforma la información en sabiduría, nos reta, nos moldea e impulsa a no parar de crecer. Cada paso, cada caída, cada logro y cada intento, se convierten piezas fundamentales del conocimiento real, ese que no se olvida porque fue algo que se vivió por cuenta propia.