Quizá el tiempo se mida en palabras, en palabras que se dicen y las que no se dicen. Porque hay palabras que sanan, que construyen puentes y dan sentido a los días y también hay silencios que pesan más que los años. A veces un “te quiero” a tiempo vale más que cualquier reloj y un “lo siento” no dicho puede congelar un corazón por completo. El tiempo no siempre se marca en horas ni calendario, sino en las conversaciones que tuvimos, en las promesas rotas, en lo que expresamos y en lo que se decide callar. Tal vez, al final, la vida se mida en esas palabras que nos atrevimos a decir y en las que se quedaron esperando.
QUIZÁ EL TIEMPO SE MIDA EN PALABRAS, EN PALABRAS QUE SE DICEN Y LAS QUE NO SE DICEN
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