21
Ojalá supiera caerme tan bonito como el sol. Que en lugar de sentir la derrota, pudiera aprender a descender con calma, aceptando que incluso las caídas tienen su propia luz. El sol no se desploma, simplemente se retira, dejando en el cielo colores que anuncian que el final de un día no es una derrota, sino una transición. Así quisiera, aprender a caer, sin perder mi brillo, sin apagar mi esencia, entendiendo que cada caída también prepara para mí un nuevo amanecer.