No podemos ayudar a todos, pero todo el mundo puede ayudar a alguien. Para hacer la diferencia no se necesita de grandes recursos, ni tiempo de sobra o la posibilidad de solucionar por completo los problemas de otro; también puedes escuchar con atención sin juzgar, tender la mano, compartir una palabra de ánimo o estar presente desde el silencio. No se trata de resolver la vida de quienes nos rodean, pero sí podemos hacer más liviana la carga y no dejar pasar las oportunidades que tengamos de hacer el bien. Tal vez no podamos transformar el mundo entero, pero podemos hacer más amable el mundo de otro ser, creando una cadena de solidaridad que demuestra que todavía podemos hacer la diferencia.
NO PODEMOS AYUDAR A TODOS, PERO TODO EL MUNDO PUEDE AYUDAR A ALGUIEN
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