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No hay que apagar la luz de otro para que brille la nuestra. Cada persona lleva dentro de sí, un resplandor propio, una fuerza única que le impulsa, por eso al apagar a alguien más, jamás hará que tu luz se torne más intensa; al contrario, ensombrece lo que verdaderamente te hace crecer. Cuando se aprende a admirar, celebrar y respetar el brillo ajeno, fortaleces el tuyo. Reconoce el valor de otros, no hay necesidad alguna de disminuir a nadie para que brilles con intensidad.